miércoles, 2 de marzo de 2016

Ahueonamiento mágico.

 

Una vez escuché que existe un "exceso de pensamiento mágico pendejo" o como me gusta llamarlo a mi, exceso de ahueonamiento mágico, demasiado positivismo gratuito, hueón, ¿con qué derecho se acercan personas que en su vida han sabido algo de ti, a decirte qué todo tiene solución?  ¿qué es esa hueá de decretar? pff...por favor, ¿de qué estamos hablando?, querer no siempre es poder, y ya estamos bastante grandes todos para darnos cuenta que  si de verdad las cosas se pudiesen lograr solo decretando o solo pidiéndolas a la misteriosa galaxia de colores del espacio , no estaríamos justamente  "decretando", al fin y al cabo,  para lo único que te sirve todo eso es para frustrarte, porque entre que decretas, pides, decretas y vuelves a pedir te quedas en la nada esperando que la fuerza misteriosa mágica haga tu labor por ti, las cosas no son como uno quiere, las cosas son como se dan, para mejor o para peor,  cuantas veces vi personas mintiéndole a sus parejas, amigos, familia, grupos de trabajo, a todo el mundo, y el día de hoy se ven tan campantes y felices sin ni una gota de remordimiento de lograr cosas a base de ser sacos de huea, y por otro lado, personas honestas y responsables hasta el culo por la incertidumbre de todas las cosas que tienen encima... ¿qué podemos hacer al respecto? ¿esperar a que el karma (o darma como se llame) haga lo suyo?, chucha, así es super fácil auto-convencerse  de que existe un equilibrio, cuando todos en el fondo sabemos que las cosas no son así, que esto es "lo que nos tocó", ¡¡hay gente que vive toda su vida sin preguntarse nada!!, ¿cómo mierda es posible? ¿hasta que punto tenemos la capacidad de conseguir algo o de evitarlo? al final el único y verdadero cambio que puedes hacer proviene de ti mismo, no de lo que te rodea,  si quieres quejarte, quéjate, ¡y quéjate mucho!, porque nadie tiene el derecho a decirte que no lo hagas, y de la misma forma, si quieres celebrar, celebra ¡y celebra mucho!, al final, lo que nos queda es vivir a concho cada experiencia en nuestras vidas, cada lugar o cada persona, pensando muy bien que dejar de lado y que conservar, porque es la única decisión que es realmente nuestra.